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Curicó

El 18 de Octubre de 1737 el rey de España Felipe V expidió una real cédula por la cual nombraba para el Gobierno de Chile al brigadier don José Antonio Manso de Velasco, quien manifestó sobresalientes dotes de buen administrador, sobre todo en la empresa de fundar poblaciones.

Desde antes de este nombramiento, dominaba el pensamiento de establecer villas y ciudades para obligar a los habitantes a vivir en poblaciones. Manso de Velasco trazó poblaciones donde no había más que bosques y pantanos o miserables rancherías. Curicó fue una de ellas.

Muchas de las poblaciones que los españoles fundaron en Chile ocupaban las cercanías de alguna iglesia establecida, y eso fue precisamente lo que ocurrió en Curicó. Así los padres franciscanos levantaron la primera iglesia pública de Curicó, en el año 1734.

Este mismo año, el fray Francisco Beltrán comisionó al padre Gaspar de Rellero para que saliera para el partido del Maule a realizar sus propósitos. Así el 3 de Agosto de 1734, el padre Rellero se puso en marcha hacia el sur llevando instrucciones de fijarse en un llano que el jefe de la orden había visto en el lugar de Curicó, a inmediaciones de un cerrillo. El padre se detuvo en el Carrizal, nombre que entonces se daba a la extensión de terreno que hoy ocupan, al oriente de esta ciudad, las cultivadas chácaras del Pino.

La iglesia se iba a construir en el Carrizal, inmediato al cerrillo, pero como Díaz Fernández sabía que el lugar elegido era inadecuado por lo húmedo, ordenó su traslación al poniente. Don Francisco Iturriaga dio diez cuadras de terreno para que en ellas se levantara la iglesia, cuyos cimientos se clavaron en el ángulo oeste de los dos que forman el camino de la costa y el que se interna hacia el norte en el lugar denominado Convento Viejo. En Abril de 1735 estuvo concluido y asistieron a su inauguración sus fundadores Díaz Fernández y el padre Rellero.

El territorio de Curicó pertenecía en lo administrativo al Partido del Maule, desde Teno para el sur y desde este río para el norte al de Colchagua; en lo eclesiástico dependía de la parroquia de San José de Toro o de Chimbarongo; de aquí viene el nombre de San José de Curicó.

El lugar donde los padres habían edificado su iglesia era el punto más poblado de los que había en el territorio comprendido entre el río Teno y el río Lontué que contaba con alrededor de cuatro mil habitantes. Esta reducida agrupación se acrecentó con el establecimiento de la iglesia y fue el sitio elegido poco más tarde por Manso de Velasco para fundar una villa.

Como ya tenía concebido su plan favorito de poblaciones, en una viaje a Concepción, se fijó en una aldea existente en ese lugar, para así levantar un pueblo que sirviera de reunión a los indios diseminados por el campo. Así en 1743 ordenó la fundación de una villa con el nombre de San José de Buenavista de Curicó, en tierras de don Lorenzo de Labra.

Se llamó de Buenavista por la hermosa perspectiva que presentaba la planicie baja de Curicó mirada desde los altos del camino de Teno. Pero tanto este nombre como el de San José, cayeron con el tiempo en desuso; se conservó en las plazas oficiales únicamente.

A pesar de que algunos pobladores habían edificado sus casas, en sus primeros años la villa llevó una existencia muy precaria, sirviendo solamente de posada para los viajeros y de posta para los conductores de bestias de carga. La población no aumentó y la mayoría de los solares demarcados quedaron sin ocuparse.

Era que la ubicación de la villa estaba mal elegida, el lugar era bajo y húmedo. Careciendo de buenas condiciones higiénicas no podía estar sometida a la ley del progreso. De esta forma, el sucesor de Manso de Velasco, don Domingo Ortiz de Rozas, debía subsanar estos obstáculos, por lo que se propuso trasladarla a otro lugar. Es por esto que en 1747 se detuvo en un llano cubierto de un monte de espino que había al sureste de la villa de Manso y que se extendía al sureste de un cerro aislado y un poco al norte de un riachuelo llamado en aquel entonces Pumaitén (golondrina) y más tarde Guaiquillo, diminutivo de guai, vuelta, y co agua.

Quedó así la ciudad de Curicó situada a los 34º59’ de latitud y 0º35’ de longitud, al poniente de la colina aislada del llano, a una altura de 2285 metros sobre el nivel del mar, y a 194 kilómetros de Santiago.

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